viernes, 24 de febrero de 2012

Masaje Infantil (II)

Continuando el Masaje Infantil, vamos a ver a continuación qué debe tener en cuenta una mamá o un papá que se disponga a utilizar este antiguo arte que le conectará con su bebé y le ayudará a comprender su lenguaje no verbal  para responderle con una escucha activa y un amor incondicionales.
Podemos empezar con el masaje cuando el bebé tiene tres semanas de vida. Iniciar el contacto es sencillo, sólo necesitamos un tiempo en el que podamos, de forma relajada, disponernos a transmitir todo el amor y la confianza que nuestra piel y nuestras manos, nuestra mirada y nuestra sonrisa, sean capaces de ofrecer.
Como el bebé percibe nuestro estado de ánimo procuraremos relajarnos. Para conseguirlo nos pueden resultar útiles realizar unas respiraciones profundas, acompañadas de una música suave y una iluminación agradable.
Siempre que los dos estemos tranquilos y cómodos, cualquier hora del día o lugar será bueno: antes o después de la siesta, antes o después del baño, cuando le cambiemos el pañal, ese ratito por la mañana en el que estamos solos, o antes de dormir...Lo importante es estar a atento a las señales del bebé para saber si le está resultando placentero o es preferible dejarlo para otro momento.
Aprovecharemos cuando el bebé esté despierto y en un estado de alerta tranquila. Si está nervioso o enfermo, si tiene hambre o acaba de comer, es mejor que lo dejemos para otro momento, ya que cualquier necesidad fisiológica es prioritaria al masaje.
Empezaremos poco a poco, primero apoyaremos suavemente las manos sobre la parte del cuerpo por la que vayamos a iniciar el masaje (que normalmente serán las piernas porque al estar alejadas de los órganos vitales, suelen tolerarlo mejor para empezar) y esperaremos su respuesta. Es una manera de "pedir permiso" (de hecho podemos preguntarle ¿quieres que te dé un masaje en las piernas?) , de prestar atención al bebé que con sus gestos nos indicará si es el momento o la zona adecuada para comenzar. Su estado de ánimo nos dirá si tenemos que seguir, cambiar o dejar el masaje para más tarde. Aceptar su respuesta es una señal de respeto que nos ayudará también en otras situaciones.
Cuidaremos de que el bebé, que estará preferiblemente sin ropa, no se quede frío. Para ello, tanto la habitación como nuestras manos estarán a una temperatura adecuada. 
Nuestras manos se deslizarán mejor si utilizamos aceite vegetal (de sésamo, almendras, germen de trigo o avellanas...). La piel absorbe las sustancias y reseca o irrita con facilidad, por lo que no utilizaremos colonias, lociones, cremas o aceites minerales elaborados con derivados de petróleo (tipo Johnson). Igualmente, para prevenir posibles alergias siempre que utilicemos un nuevo producto, probaremos en una pequeña zona.
Podemos adoptar diferentes posturas a la hora de dar el masaje, lo importante es que nos sintamos cómodos y que podamos ir adaptándonos al movimiento y momento evolutivo del niño. A partir de los cuatro meses, el bebé ya tiene mayor movilidad. Está creciendo y tendremos que adoptar este hábito a sus nuevas necesidades y espaciarlo cada vez más. Esto no significa que sea una práctica que debamos olvidar, siempre podremos recurrir a ella cuando busquemos bienestar y proximidad. Incluso, podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y estimularlo sensorialmente a través del tacto contándoles historias conforme van haciéndose mayores.
Lo más importante es recordar que no debemos forzar al bebé. Para que se convierta en un momento de disfrute, estaremos siempre atentos a sus reacciones, que nos irán mostrando aquello que le resulta más agradable.
Nuestras manos y nuestros dedos pueden moverse de distintas maneras: tan sólo posar nuestras manos y ofrecerle nuestro calor; deslizar nuestras yemas de los dedos o las palmas de las manos muy superficialmente o con una ligera presión; hacer pequeños movimientos circulares, sin levantar las yemas o las palmas de las manos; o estirar muy ligeramente alguna parte de su cuerpo. Utilizaremos ambas manos, lenta y rítmicamente a la vez que le miramos, le sonreímos, le hablamos, le cantamos...para crear un gran momento de comunicación lleno de bienestar y ternura.




10 comentarios:

  1. Me parece una entrada super interesante! Es una de las cosas que me gustará practicar si consigo ser mamá. Creo que es muy positivo tanto para el niño como para la mamá.
    Un besito.

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    1. Me va a encantar veros a ambos disfrutando de ello, ya verás como pronto se cumple tu sueño. Un besito.

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  2. ¡Que bonito!
    Me he relajado solo leyéndote.
    Es una cosa que nuca hice con mi hijo y me pregunto si ahora, que tiene 3 años, es tarde para empezar.
    Me ha gustado la idea de contar historias al mismo tiempo que se da el masaje, para los mas mayores debe ser doble placer hacerlo así.

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    1. Nunca es tarde para empezar Maribel, esto es de 0 a 100 años. Sólo hay que adaptarse al momento evolutivo, pero las caricias son un lenguaje universal para todas las edades. Anímate. Un besito.

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  3. A mí me hacía mucha ilusión hacerle masajes a Peque, pero al final le hice muy poquitos. Es que es un culo inquieto, y eso de estar ahí estirado a mi merced, como que no le ponía. Con lo que a mí me gusta que me masajeen...Besos!

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    1. Es que nada como un reparador masaje al finalizar la jornada, ¿verdad?. ¡Besitos!

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  4. que hermoso!! y que ternura hay en cada una de tus palabras!!

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    1. Gracias Jesús, siempre tan amable. Un besito grande!

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  5. Es verdad, nunca es tarde para empezar con el masaje y se puede aprovechar tras el baño, mientras los vistes, para iniciar una pequeña sesión de masaje. Es un lujo haber podido aprender de ti.
    Bss

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    1. Bueno, en nuestro caso particular ya te digo que soy yo la que aprende de ti siempre :)

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